TONADA (Aire de tonada)
Jaime Dávalos; Eduardo Falú
"Y nunca te he de olvidar"
en la arena me escribías,
el viento lo fue borrando
y estoy más solo mirando el mar.
Qué lindo cuando una vez,
bajo el sol del mediodía,
se abrió tu boca en el beso
como un damasco lleno de miel.
Herida la de tu boca
que lastima sin dolor;
no tengo miedo al invierno
con tu recuerdo lleno de sol;
no tengo miedo al invierno
con tu recuerdo lleno de sol.
Quisiera volverte a ver
sonreír junto a la espuma,
tu pelo suelto en el viento
como un torrente de trigo y luz.
Yo sé que no vuelve más
el verano en que me amabas,
que es ancho y negro el olvido
y entra el otoño en el corazón.
Herida la de tu boca
que lastima sin dolor;
no tengo miedo al invierno
con tu recuerdo lleno de sol;
no tengo miedo al invierno
con tu recuerdo lleno de sol.
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sábado, 8 de noviembre de 2008
viernes, 15 de agosto de 2008
Sirviñaku
CARNAVALITO
Jaime Dávalos; Eduardo Falú
Yo t'hei dicho nos casimos
vos diciendo que tal vez
sería bueno que probimos
m'a ver eso qué tal es.
Te propongo sirviñaku (1)
si tus tatas dan lugar,
pa' la alzada del tabaco
vámonos a trabajar.
T'hei comprar ollita nueva
en la feria 'i Sumalao,
es cuestión de hacer la prueba
de vivirnos amañaos;
lara laila laralalaila
larailala laralá
es cuestión de hacer la prueba
de vivirnos amañaos.
Y si tus tatas se enteran
ya tendrán consolación,
que todas las cosas tienen
con el tiempo la ocasión.
Y si Dios nos da un changuito,
a mí no me ha'i de faltar
voluntad pa' andar juntitos
ni valor pa' trabajar.
Te propongo como seña
pa' saber si me querís:
cuando vas a juntar leña
silbame como perdiz;
lara laila laralalaila
larailala laralá
cuando vas a juntar leña
silbame como perdiz.
(1) Sirviñaku o amañamiento: Costumbre social ancestral por la que lasparejas —normalmente muy jóvenes— conviven sin casarse. Esgeneralmente en la fiesta de Carnaval cuando anuncian su compromiso, y ahí comienzan su vida de amañados donde procuran llegar alentendimiento común. Pueden tener hijos durante el sirviñacu y, pasadoun año o dos, celebrarán su boda.
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Jaime Dávalos; Eduardo Falú
Yo t'hei dicho nos casimos
vos diciendo que tal vez
sería bueno que probimos
m'a ver eso qué tal es.
Te propongo sirviñaku (1)
si tus tatas dan lugar,
pa' la alzada del tabaco
vámonos a trabajar.
T'hei comprar ollita nueva
en la feria 'i Sumalao,
es cuestión de hacer la prueba
de vivirnos amañaos;
lara laila laralalaila
larailala laralá
es cuestión de hacer la prueba
de vivirnos amañaos.
Y si tus tatas se enteran
ya tendrán consolación,
que todas las cosas tienen
con el tiempo la ocasión.
Y si Dios nos da un changuito,
a mí no me ha'i de faltar
voluntad pa' andar juntitos
ni valor pa' trabajar.
Te propongo como seña
pa' saber si me querís:
cuando vas a juntar leña
silbame como perdiz;
lara laila laralalaila
larailala laralá
cuando vas a juntar leña
silbame como perdiz.
(1) Sirviñaku o amañamiento: Costumbre social ancestral por la que lasparejas —normalmente muy jóvenes— conviven sin casarse. Esgeneralmente en la fiesta de Carnaval cuando anuncian su compromiso, y ahí comienzan su vida de amañados donde procuran llegar alentendimiento común. Pueden tener hijos durante el sirviñacu y, pasadoun año o dos, celebrarán su boda.
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Vamos a la zafra
ZAMBA
Jaime Dávalos; Eduardo Falú
Vamos, mi amor, a la zafra (1)
tenemos que levantar
todo el dulzor de la tierra
cuajada en las fibras del cañaveral.
De sol a sol en el surco
trabajaremos los dos
mientras madura en tu entraña
el hijo cañero que tengo con vos.
Cuando voleo el machete
tajando la sombra del cañaveral
es el sudor la simiente
salando caliente
mi sangre y mi pan.
Quiero que tengas un chango (2)
para yapar (3) el jornal
porque pelando maloja (4)
se come mis brazos el cañaveral.
Ya no creo en el desquite
que buscaba en el alcohol,
vamos, mi amor, a la zafra:
me queman las ganas de hachar sol a sol.
Cuando voleo el machete
tajando la sombra del cañaveral
es el sudor la simiente
salando caliente mi sangre y mi pan.
(1) Zafra: Cosecha de la caña dulce.
(2) Chango: Niño, muchacho.
(3) Yapar: Del quechua 'yapa', ayuda, aumento; en la América Meridional, añadidura. 'De yapa': en la América Meridional, "además", "gratuitamente". Esencialmente no puede haber yapa si no hay compra (u otra forma de intercambio de bienes). La única palabra similar en español --antes de que el quechua yapa entrara en nuestra lengua-- es 'adehala'. De modo que si compras dos docenas de higos te dan unos dos o tres de 'yapa' o medio kilo de queso te dan una onza de 'yapa'. La yapa es un acto voluntario, o mejor de buena voluntad. Claro que ahora yapa incluye algo que se añade aunque no haya compra o intercambio de por medio, por ejemplo: "Se me incendió la casa y de yapa se me aguó la boda con la Felicia" o "lo denunció e hizo meter preso y, de yapa, le robó la mula. (H. Rodrigo Ruiz Ávila, "Chafallo"). Aumentar. Más que eso: viene del quechua yapa, sobrante, excedente, complemento. No hace mucho se le pedía "la yapa" al comerciante (almacenero, panadero...), y consistía en un poco más del producto adquirido, por lo general un comestible, una confitura, etc. (Emilio Pedro Portorrico).
(4) Maloja: Maíz para pasto.
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Jaime Dávalos; Eduardo Falú
Vamos, mi amor, a la zafra (1)
tenemos que levantar
todo el dulzor de la tierra
cuajada en las fibras del cañaveral.
De sol a sol en el surco
trabajaremos los dos
mientras madura en tu entraña
el hijo cañero que tengo con vos.
Cuando voleo el machete
tajando la sombra del cañaveral
es el sudor la simiente
salando caliente
mi sangre y mi pan.
Quiero que tengas un chango (2)
para yapar (3) el jornal
porque pelando maloja (4)
se come mis brazos el cañaveral.
Ya no creo en el desquite
que buscaba en el alcohol,
vamos, mi amor, a la zafra:
me queman las ganas de hachar sol a sol.
Cuando voleo el machete
tajando la sombra del cañaveral
es el sudor la simiente
salando caliente mi sangre y mi pan.
(1) Zafra: Cosecha de la caña dulce.
(2) Chango: Niño, muchacho.
(3) Yapar: Del quechua 'yapa', ayuda, aumento; en la América Meridional, añadidura. 'De yapa': en la América Meridional, "además", "gratuitamente". Esencialmente no puede haber yapa si no hay compra (u otra forma de intercambio de bienes). La única palabra similar en español --antes de que el quechua yapa entrara en nuestra lengua-- es 'adehala'. De modo que si compras dos docenas de higos te dan unos dos o tres de 'yapa' o medio kilo de queso te dan una onza de 'yapa'. La yapa es un acto voluntario, o mejor de buena voluntad. Claro que ahora yapa incluye algo que se añade aunque no haya compra o intercambio de por medio, por ejemplo: "Se me incendió la casa y de yapa se me aguó la boda con la Felicia" o "lo denunció e hizo meter preso y, de yapa, le robó la mula. (H. Rodrigo Ruiz Ávila, "Chafallo"). Aumentar. Más que eso: viene del quechua yapa, sobrante, excedente, complemento. No hace mucho se le pedía "la yapa" al comerciante (almacenero, panadero...), y consistía en un poco más del producto adquirido, por lo general un comestible, una confitura, etc. (Emilio Pedro Portorrico).
(4) Maloja: Maíz para pasto.
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A qué volver
ZAMBA
Marta Mendicute; Eduardo Falú
La casa ya es otra casa,
el árbol ya no es aquel,
han volteao hasta el recuerdo,
entonces, a qué volver.
Mi perro allá arriba inmóvil,
viendo la tarde crecer,
y este vacío de ahora
entonces a qué volver.
Volver para qué,
para sentir otra vez
que se desboca tu ausencia
dormida en mis venas
borrada en mi piel;
para que duela tu ausencia,
entonces a qué volver.
Mi puente, mi viejo puente,
qué río verá correr,
si lo han llevao de Tilcara
entonces a qué volver.
La magia ya se ha perdido,
¡quién la pudiera encender!;
ni la tierra ya es de tierra,
entonces a qué volver.
Volver para qué,
para sentir otra vez
que se desboca tu ausencia
dormida en mis venas
borrada en mi piel;
para que duela tu ausencia,
entonces a qué volver.
(*) La zamba narra en forma nostalgiosa el cambio que tuvo lugar en Tilcara cuando decidieron pavimentar la ciudad y cambiaron el viejo puente peatonal que unía a la ciudad con la ruta por un puente carretero pavimentado para el paso de los vehículos, con lo que la ciudad perdió su típico sabor colonial y la magia de sus calles arboladas serenas y que de noche se llenaban de guitarras, quenas y bombos. Entonces, Volver para qué.... (Ángel Escobar).
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Marta Mendicute; Eduardo Falú
La casa ya es otra casa,
el árbol ya no es aquel,
han volteao hasta el recuerdo,
entonces, a qué volver.
Mi perro allá arriba inmóvil,
viendo la tarde crecer,
y este vacío de ahora
entonces a qué volver.
Volver para qué,
para sentir otra vez
que se desboca tu ausencia
dormida en mis venas
borrada en mi piel;
para que duela tu ausencia,
entonces a qué volver.
Mi puente, mi viejo puente,
qué río verá correr,
si lo han llevao de Tilcara
entonces a qué volver.
La magia ya se ha perdido,
¡quién la pudiera encender!;
ni la tierra ya es de tierra,
entonces a qué volver.
Volver para qué,
para sentir otra vez
que se desboca tu ausencia
dormida en mis venas
borrada en mi piel;
para que duela tu ausencia,
entonces a qué volver.
(*) La zamba narra en forma nostalgiosa el cambio que tuvo lugar en Tilcara cuando decidieron pavimentar la ciudad y cambiaron el viejo puente peatonal que unía a la ciudad con la ruta por un puente carretero pavimentado para el paso de los vehículos, con lo que la ciudad perdió su típico sabor colonial y la magia de sus calles arboladas serenas y que de noche se llenaban de guitarras, quenas y bombos. Entonces, Volver para qué.... (Ángel Escobar).
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martes, 12 de agosto de 2008
Trago de sombra
ZAMBA
Jaime Dávalos; Eduardo Falú
Pídele al viento firmeza
y al río que vuelva atrás:
no me pidas que me quede
si toda mi vida contigo se va.
Llora en la tarde el lucero
y en el silencio sin fin
por los profundos sauzales
desangra llorando su canto el crespín.
Yo te pido que nunca me tengas piedad
envenename de amor,
dame a beber en tus ojos
dos tragos de sombra de tu corazón.
Cuando me voy de tu lado
crece en la ausencia el amor
y en la distancia comprendo:
no tiene sentido la vida sin vos.
Y si me miro en tus ojos
siento en el alma crecer
una frescura de trébol
que moja el rocío del amanecer.
Yo te pido que nunca me tengas piedad
envenename de amor,
dame a beber en tus ojos
dos tragos de sombra de tu corazón.
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Jaime Dávalos; Eduardo Falú
Pídele al viento firmeza
y al río que vuelva atrás:
no me pidas que me quede
si toda mi vida contigo se va.
Llora en la tarde el lucero
y en el silencio sin fin
por los profundos sauzales
desangra llorando su canto el crespín.
Yo te pido que nunca me tengas piedad
envenename de amor,
dame a beber en tus ojos
dos tragos de sombra de tu corazón.
Cuando me voy de tu lado
crece en la ausencia el amor
y en la distancia comprendo:
no tiene sentido la vida sin vos.
Y si me miro en tus ojos
siento en el alma crecer
una frescura de trébol
que moja el rocío del amanecer.
Yo te pido que nunca me tengas piedad
envenename de amor,
dame a beber en tus ojos
dos tragos de sombra de tu corazón.
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miércoles, 30 de julio de 2008
Las golondrinas
CANCIÓN LITORALEÑA
Jaime Dávalos; Eduardo Falú
¿Adónde te irás volando por esos cielos,
brasita negra que lustra la oscuridad?;
detrás de tu vuelo errante
mis ojos gozan la inmensidad, la inmensidad.
Veleros de la tormenta se van las nubes,
en surcos de luz dorada se pone el sol
y, como sílabas negras, las golondrinas (1)
dicen adiós, dicen adiós.
Vuela, vuela, vuela, golondrina,
vuelve del más allá.
Vuelve desde el fondo de la vida,
sobre la luz, cruzando el mar, cruzando el mar.
Un cielo de barriletes (2) tiene la tarde,
el viento en las arboledas cantando va
y, desandando los días, mi pensamiento
también se va, también se va.
Cuando se acorten los días junto a mi sombra
y en mi alma caiga sangrando el atardecer,
yo levantaré los ojos pidiendo al cielo
volverte a ver, volverte a ver.
Vuela, vuela, vuela, golondrina,
vuelve del más allá.
Vuelve desde el fondo de la vida,
sobre la luz, cruzando el mar, cruzando el mar.
(1) Las golondrinas, mis golondrinas, nuestras golondrinas, dejan los aleros, los alféizares, las cornisas y la espadaña de la misión de San Juan Capistrano en California y vuelven, con el piquito hacia mi Sur y las alitas izquierdas haciéndole cosquillas al sol de la mañana, al pueblo de Goya, en la provincia de Corrientes, República Argentina. (H. Rodrigo Ruiz Ávila, "Chafallo").
(2) Barrilete: Cometa.
Jaime Dávalos; Eduardo Falú
¿Adónde te irás volando por esos cielos,
brasita negra que lustra la oscuridad?;
detrás de tu vuelo errante
mis ojos gozan la inmensidad, la inmensidad.
Veleros de la tormenta se van las nubes,
en surcos de luz dorada se pone el sol
y, como sílabas negras, las golondrinas (1)
dicen adiós, dicen adiós.
Vuela, vuela, vuela, golondrina,
vuelve del más allá.
Vuelve desde el fondo de la vida,
sobre la luz, cruzando el mar, cruzando el mar.
Un cielo de barriletes (2) tiene la tarde,
el viento en las arboledas cantando va
y, desandando los días, mi pensamiento
también se va, también se va.
Cuando se acorten los días junto a mi sombra
y en mi alma caiga sangrando el atardecer,
yo levantaré los ojos pidiendo al cielo
volverte a ver, volverte a ver.
Vuela, vuela, vuela, golondrina,
vuelve del más allá.
Vuelve desde el fondo de la vida,
sobre la luz, cruzando el mar, cruzando el mar.
(1) Las golondrinas, mis golondrinas, nuestras golondrinas, dejan los aleros, los alféizares, las cornisas y la espadaña de la misión de San Juan Capistrano en California y vuelven, con el piquito hacia mi Sur y las alitas izquierdas haciéndole cosquillas al sol de la mañana, al pueblo de Goya, en la provincia de Corrientes, República Argentina. (H. Rodrigo Ruiz Ávila, "Chafallo").
(2) Barrilete: Cometa.
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La angaquera
CUECA
Jaime Dávalos; Eduardo Falú
Angaquera (1) de mi vida,
tierra salada,
mi corazón y la copla
en ti se apagan.
Échale vino a la copa,
vaquita echada (2),
que me entre como tus ojos
la puñalada.
Viene la luna cargando
viñas de Angaco.
El sol de los arenales
dora tus labios.
Olor a pájaro bobo (3)
tiene tu pago.
Angaquera de mi vida,
tierra caliente,
en tus ojos nace el vino
y el aguardiente.
Por los salitrales negros
me voy quemando,
tu boca promete el agua
que ando hoy deseando.
Viene la luna cargando
viñas de Angaco.
El sol de los arenales
dora tus labios.
Olor a pájaro bobo
tiene tu pago.
(1) Angaco: ciudad de la provincia de San Juan, en el noroeste argentino.
(2) Vaquita echada: cuando el vaso de vino se queda vacío, se tumba paraque se vuelva a llenar, y se dice "tengo la vaquita echada".
(3) Pájaro bobo, palo bobo, aliso de río: árbol de mediano porte, follaje verde grisáceo. Crece a orillas de los ríos.
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Jaime Dávalos; Eduardo Falú
Angaquera (1) de mi vida,
tierra salada,
mi corazón y la copla
en ti se apagan.
Échale vino a la copa,
vaquita echada (2),
que me entre como tus ojos
la puñalada.
Viene la luna cargando
viñas de Angaco.
El sol de los arenales
dora tus labios.
Olor a pájaro bobo (3)
tiene tu pago.
Angaquera de mi vida,
tierra caliente,
en tus ojos nace el vino
y el aguardiente.
Por los salitrales negros
me voy quemando,
tu boca promete el agua
que ando hoy deseando.
Viene la luna cargando
viñas de Angaco.
El sol de los arenales
dora tus labios.
Olor a pájaro bobo
tiene tu pago.
(1) Angaco: ciudad de la provincia de San Juan, en el noroeste argentino.
(2) Vaquita echada: cuando el vaso de vino se queda vacío, se tumba paraque se vuelva a llenar, y se dice "tengo la vaquita echada".
(3) Pájaro bobo, palo bobo, aliso de río: árbol de mediano porte, follaje verde grisáceo. Crece a orillas de los ríos.
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Datos personales
- Irene
- Andaluza de Guadix (Granada), aficionada al folclore argentino, al flamenco, a la tierra y a las palabras.